La culpa -siempre- femenina

La culpa. Siempre la culpa. Esa imputación como consecuencia de una conducta no ejemplar. La amiga inseparable de las mujeres. Que nos convierte en responsables. Hagamos lo que hagamos. Detiene nuestra libertad. Nos hace inferiores. Y nos hunde en el pecado.

Un pecado tradicionalmente femenino cuya salvación precisa de absoluciones sociales y públicas. Para ello, ¿es necesario que hagamos un decálogo de buenas intenciones? ¿hemos de dar explicaciones de todos nuestros comportamientos? Pareciera que tuviéramos que rendir cuentas ante tribunales inquisitoriales. Aún existen. Doy fe.

No busquemos el origen del delito en nuestro sexo. Desprendámonos de complejos. De falsas omisiones. Que no perturben nuestras ideas, emociones o acciones. La culpa no es real. Es adquirida. Nos la han impregnado a fuego, pero no está en nuestro ADN. Desterremos falsos mitos. Digámosle adiós.

Y miremos hacia el patriarcado. Igual tiene algo que asumir. O más bien hechos que atribuirse. Porque en los juicios se juzgan «hechos» no conductas. Pongamos, de una vez, el acento en la agresión y sus ejecutores, en esa «manada» de animales. No en las víctimas. Que, casualmente, comparten -casi siempre- el género.

 

Un año más, por la igualdad

Un año más, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Como siempre, deseos de alcanzar la igualdad real. ¿Deseos? Una -que no es muy optimista- los ve como ideales, como objetivos susceptibles de ser alcanzables. Como esa luz que intentas tocar y solo rozas con los dedos. Cansada de tanto saltar sin asir. Pero con fuerza. Porque es mi leit motiv.

Veía la otra noche un programa televisivo dirigido por Ana Pastor sobre este inagotable tema de actualidad, sobre todo, esta semana del año. Preguntaban a los comunes mortales qué era el feminismo. No me sorprendió que muchos dijeran «lo contrario del machismo». Un número no despreciable de mujeres también lo definieron así, argumentando que «no lo eran». Ufff…. pensé. Qué lejos. Algunas buscamos la luz. Para otras, la igualdad está a años luz. Claro ejemplo de lo que nos queda por conseguir.

Entiendo yo por igualdad, no sólo el reconocimiento expreso de los derechos -recogidos en nuestra Constitución, obviamente- sino el ejercicio de facto de los mismos. Hablo de desarrollar tu carrera profesional sin renuncias. Hablo de compartir responsabilidades de los hijos. Hablo de conciliar la vida laboral y la personal hombres y mujeres. Hablo de la brecha salarial que nos deja en clara desventaja. Hablo de feminismo. Claro que sí. Porque hay que llamar a las cosas por su nombre. Que no nos dé miedo.

Muy lejos quedan las luchas de las republicanas por la consecución del sufragio femenino, que significó un gran paso en el avance por la equiparación de derechos entre ambos sexos o el acceso de la mujer al mundo laboral. Aquellas mujeres buscaban emanciparse económicamente, fundamentalmente, y, en otro orden, transgredir la esfera de lo privado y acceder al espacio público. Y lo consiguieron.

Pero ese gran paso para el feminismo español se volvió en nuestra contra. Nos han contado un cuento chino sobre la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Esto fue un hito histórico. Pero el hecho real fue que, además, nunca abandonó su casa. O lo que es lo mismo: nos multiplicamos. Hubo un tiempo en que se nos llamó superwoman. Por «llegar a todo». Por ser «reconocidas, como un hombre».

No nos lo hemos creído. No somos necias. Queremos «llegar» sin ser juzgadas en el plano personal. Sin renuncias ni sentimientos de culpa. La pretensión no es superar al hombre. Es ponernos a su lado y formar equipo. Es compartir responsabilidades. Es lo justo. Ni más, ni menos. Yo creo que la luz está ahí. Lejos, pero es tangible. Seguiré siendo feminista si eso implica luchar por ser igual o, al menos, para que mis hijos lleguen a disfrutarla, de verdad.

El pecado de ser mujer

Hace pocos días que ha vuelto a retomarse el tema de Zaida Cantera, la capitán que después de años de humillación decidió poner una denuncia a su superior por acoso sexual. El caso viene muy ad hoc en esta semana que celebramos el Día de la Mujer Trabajadora, aunque esto parezca en sí mismo un despropósito. Sigue leyendo

El dardo que no mata

Casi dos meses sin disparar palabras contra este blog en blanco. Podría ser que en medio han estado las navidades que eso siempre colapsa, de alguna manera, nuestros cuerpos y nuestras mentes. Al menos, mis neuronas entran en hibernación ante las explosiones de azúcar de los mazapanes -que ascienden a bocajarro aletargando mis pensamientos-. Sigue leyendo

Y en verano ¿qué hacemos con los enanos?

Se acerca el final de curso y ohhhhhhhhh, qué gustazo no tener que correr desde que una pone los pies en el suelo hasta que llega a casa. Pero, al tiempo que sentimos esa sensación de liberación -similar a la de cuando nos descalzamos después de doce horas con unos zapatos monísimos pero castigadores- notamos como crece nuestra angustia interior por intentar llenar tantos días del calendario sin rutina establecida. Sigue leyendo

Malas madres

Retomo mis pensamientos del día a día, aquellos que tenemos cuando todo marcha bien aunque, en ocasiones, nos sintamos hundidas. No hay nada como alejarse de la rutina para tomar conciencia de la gravedad o no de las cosas, para relativizar los pequeños obstáculos que nos va proponiendo la vida y afrontarlos como se merecen. Sigue leyendo

Mujeres, algo más que mujeres

Leo en la prensa que, según un estudio australiano, el retraso en la edad de la maternidad se atribuye, en muchos casos, a los empleos precarios. Aunque este estudio se enmarca en un contexto de salud pública, yo creo que la causa de este retraso procede de una razón sociológica. Ya me pronuncié hace cinco años en este sentido en un post titulado «La maternidad, un pecado laboral» y creo que muy poco ha cambiado desde entonces. De lo que hablaré hoy es de nosotras, de las mujeres. Me/os voy a brindar un homenaje, porque nos lo merecemos. Sigue leyendo

Mad Men: una relación controvertida

¿Se puede sentir dependencia y tedio a la vez por el mismo estímulo? A mí me ocurre con Mad Men, no sé si compartís conmigo esta ambigua sensación. Para los que os suene a chinos, es ésta una serie norteamericana cuyo eje vertebrador discurre en una agencia de publicidad neoyorkina de los años sesenta. A priori, tiene todos los ingredientes que me encanta saborear: escenario, época, temática… pero, tenía que tener un pero. A él voy a intentar referirme sin que me rechinen los dientes.  Sigue leyendo

Audrey Chanel

No podía perderme el último estreno de Audrey Tautou en la gran pantalla. Pese a las malas críticas obtenidas en España pudo más mi devoción por esta actriz francesa. No podía dejar pasar al rostro más sutilmente femenino del S. XXI. Y menos encarnando a un icono de la moda como Coco Chanel. Sigue leyendo

Buscando guardería…

El ‘post’ de hoy va de lo complicado que es buscar una guardería. Es un aviso para los que no les interesen estos temas de padres cuyos hijos aún no han alcanzado la edad mínima de escolarización obligatoria. Que, a pesar de nuestros años, aún son muchos. Pero ese es otro tema que abordaré otro día. Sigue leyendo