Quiero presente y despacito

Pues ya estamos aquí otra vez. Septiembre. Nuevo curso. Nuevo año ¿por qué los calendarios comienzan en enero? Enero no es más que la continuidad de lo que empieza ahora. Releo ahora mis propósitos del septiembre pasado y me digo ¡pero si esto lo escribí ayer! La vida que va que se las pela (expresión muy mía que le encanta a mi santo -como diría Elvira Lindo-).

Hasta hace no mucho siempre iba en quinta marcha sin mirar atrás, ni para coger aliento. Pero llevo algún tiempo que freno a menudo. Y me paro de golpe. Los veranos me sirven para eso. Para reflexionar y saborear cada momento. Para ser consciente de que la vida es un regalo. Que está pasando ahora. Y que no hay más que el presente, que no es poco. Me ha costado descubrirlo pero ahora lo disfruto mucho más.

En ese presente me miro en el espejo desde lejos. Porque desde hace tiempo -también- me gusta cada vez menos. Ahora prefiero observarme hacia dentro porque ¿para qué engañarnos? Lo de fuera se va arrugando o cayendo o agrandando. Y la verdad que -ante estas puñeteras adversidades- prefiero mirar hacia otro lado. Además de que el espejo solo me devuelve imágenes en forma de reproches me insta a cuidarme de lo lindo. Y me da pereza, lo reconozco. Al menos morena me veo favorecida, lo que durará un par de semanas.

En mi presente observo que mi retoños son cada vez más largos, que ocupan gran parte de sus camas, que les crece la nariz, les cambia el cuerpo y que mi chiquitina ya puede compartir conmigo los zapatos. Veo que les achucho y no sé por cuánto tiempo -creo que aún puedo hacerlo en público sin que me quieran asesinar con la mirada-. Y que les queda muy poco de tierna infancia. De esa ingenuidad que les brinda el misterioso ratón Pérez. Y me da muuuuucha pena. Sus cortas vidas han llegado hasta aquí en un suspiro.

Pues eso, que a pesar de que sea septiembre el mes de mirar hacia el futuro, no quiero ver más allá del ahora. A ver si esta vez se me pasa el curso más despacito, como dice la cansina canción del verano. Mi deseo para el nuevo curso es que el tiempo discurra a cámara lenta. Que no quiero rebobinar para redisfrutar, que quiero darle al play y ya.