Se nos acumulan las noticias del corazón, rosa o rojo, como quieran. Por un lado, de la aristocracia. La afamada «duquesa de Alba se nos ha ido» rezan algunos titulares de rotativas de nuestro país. Habría que preguntarse a quién se le ha ido, porque por muy cercana y cordial que pudiera ser, formaba parte de esa otra clase social que no está al alcance de nuestras manos, cuando menos para decir que se «nos ha ido».
Se nos van nuestros seres queridos, nuestros abuelos, padres, hermanos, amigos… y esos son los que duelen, no seamos hipócritas. No nos creamos en la responsabilidad de decir que todos la queríamos que, por otro lado, siempre ocurre cuando alguien fallece. Ha muerto una duquesa que vivía ajena a las vidas de la mayoría de los españolitos que levantan este país cada mañana cuando van a sus trabajos. Ha muerto una mujer destacada del panorama social español, pero de ese panorama que solo sale en las hojas de papel couché, no del que nos toca de cerca.
Y, por otro lado va y coincide con que la folclórica Isabel Pantoja ingresa en prisión. Qué desastre, qué pena. A mí lo que me da pena este país que permite que corruptos como esta mujer -que puede ser muy buena cantando pero que es una delincuente- sigan engañándonos y robando. Y como tal, ha de ingresar en la cárcel, como todo hijo de vecino, sin privilegios y sin más florituras, al más puro estilo de la serie estadounidense «The orange is the new black».
Y que sea allí donde descubra cómo se vive con 80 euros a la semana, que es el saldo con el que puede contar para gastar en el economato penitenciario. Y que se dé cuenta de que hay gente que convive en esas celdas que están allí por haber robado mucho menos que ella. Que descienda a la tierra y vuelva a «reconocer» como era la vida antes de estar en las portadas de las revistas. Que recuerde que la vida se gana, solo, trabajando. Y que se dignifique.
Y con este panorama, ¿cómo vamos a ser un país serio? La rancia aristocracia que pesa más que puede en una sociedad cuarteada y desmembrada, al mismo tiempo, por la corrupción de otros tantos. Dejémonos de mirar hacia otro lado, lo que tenemos nos lo hemos ganado a pulso por seguir confiando en el sistema y ser como somos, españoles, a toda costa.